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Pesadilla de una noche de verano
Madrugada. Escuché ruidos, susurros, una risa, abajo, en la sala. (¿Es mi mente haciendo trucos? ) Pienso que debería ir abajo, prendiendo todas las luces que encuentre en el camino para verificar que todo esté bien.(¿Y si sigo dormido y la pesadilla continua? o peor ¿Y si sí estoy despierto?).
Madrugada. Escuché ruidos, susurros, una risa, abajo, en la sala. (¿Es mi mente haciendo trucos? ) Pienso que debería ir abajo, prendiendo todas las luces que encuentre en el camino para verificar que todo esté bien.(¿Y si sigo dormido y la pesadilla continua? o peor ¿Y si sí estoy despierto?).
Imagen creada por Gemini
La pantalla del celular sobre el buró marca con números blancos, pálidos, casi invisibles, que son las 4:20 de la madrugada. Tuve una pesadilla. He tenido varias los últimos cuatro meses. Y cuando ocurre, ya no puedo volver a dormir. Esta vez, he soñado que despertaba una noche, en esta misma habitación donde me encuentro ahora, porque escuchaba una risa y susurros, abajo, en el primer piso de la casa.
Y que, desconcertado y pensando que habría una explicación (“¿Habría dejado la tele prendida en alguna serie de Netflix?”) bajaba las escaleras lentamente para descubrir, en la penumbra, primero los pies descalzos y luego el vestido blanco hasta la cintura, los brazos y finalmente el rostro de una amiga, fallecida años atrás, que me miraba fijamente, apenas iluminada por la luz de la pantalla de la Alexa.
Entonces me incorporo hasta quedar sentado sobre la cama y abro las persianas y veo por la ventana que un coche solitario se dirige por un camino desierto, aún sin casas, hacia un punto entre la luna y la montaña, pintando con los faros dos líneas blancas.
En el reflejo de la ventana, descubro dos ojos pequeños, como canicas. Me vuelvo y es mi perro que me observa desde la puerta del cuarto.
-Ven Hachi -le digo y él se deja caer de espaldas para que vaya y lo cargue. Se ha despertado porque ha comenzado a llover. Él siempre lo siente antes y le da miedo, como a mí las pesadillas.
Lo cargo y mientras lo hago, miro a las escaleras, recordando la pesadilla que tuve. Lo único que alcanzo a percibir es la tenue luz de la pantalla de la Alexa que viene desde abajo. En el tragaluz de la escalera ya se produce el ruido tic tic tic tic tic tic tic tic tic de la luvia que cae. Primero tic tic tic tic y luego tictictictictictictictictictic y también el sonido lejano de un trueno.
Mi perrito tiembla. Es un chihuahua con pelo (“¿blanco y beige?”), Lo acuesto a mi lado y lo tapo y agarro unos audífonos Sony que cancelan el sonido y que compré durante la pandemia. Se los pongo. Por la venta, veo que el coche ya ha desparecido en algún punto entre la luna y la montaña. Y por la puerta del cuarto, apenas veo las escaleras que dan abajo a la sala. Y la luz de la Alexa acaricia lánguida la pared desde el piso inferior y entonces desparece brevemente y regresa como si algo o alguien hubiera pasado frente a ella.
(“¿Es mi mente haciendo trucos?” ) Pienso que debería ir abajo, prendiendo todas las luces que encuentre en el camino para verificar que todo esté bien pero… (“¿Y si sigo dormido y la pesadilla continua? o peor ¿Y si sí estoy despierto?”).
Y entonces contemplo a mi perrito, a Hachi, sereno, protegido del ruido, de lo que le produce miedo y las nubes grises-negras que están cubriendo la luna y la montaña. Y las escaleras y la luz de Alexa que se asoma y la pantalla de mi celular que marca las 4:24 con sus números blancos, pálidos, casi invisibles, y recuerdo a mi hermano, a mi amiga, mis familiares y amigos que ya fallecieron. (“¿Por qué se fueron tan pronto, por qué ya nunca van a estar aquí? ¡!”)
Tengo angustia y una leve desesperación y cierro los ojos deseando tener miedo a la lluvia, al trueno y no a algo que se encuentra en mi interior.
…
Y como ha ocurrido desde hace cuatro meses, cada vez que tengo una pesadilla, justo cuando estoy por quedarme dormido otra vez, suena la alarma del celular.
-”Marco, son las 5:52 de la mañana" — anuncia la Alexa de mi cuarto, y menciona la temperatura y se despide, como siempre, ordenando: “¡Al trabajo!” y agregando: “Que te vaya muy bien”…

