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Marco Carlos Avalos Rosado Marco Carlos Avalos Rosado

Mi teléfono celular me acosa

Mi teléfono celular me acosa, incluso cuando voy conduciendo. Estoy atrapado.

Imagen creada por Gemini…

La pantalla de mi coche me va poniendo alertas de atascos y mensajes de WhatsApp mientras intento esquivar baches y dejar paso a los coches que vienen atrás de mí, a exceso de velocidad, sobre la carretera 57.

Conduzco y miro el retrovisor y la pantalla, todo mecánicamente. Mi cuerpo simplemente reacciona al instante. Pero me llama la atención la insistencia de la pantalla enviándome mensajes de WhatsApp y aunque los tengo en modo silencio porque me gusta ir escuchando mis listas de música y mis podcasts, puedo ver de reojo la insistencia, casi un grito, del reclamo visual de atención.

Ahora, quizás alguien se preguntará por qué no desinstalo el WhatsApp de mi Android Auto. Bueno, hay mensajes que sí quiero saber que me envían. Por ejemplo de mi casa. No los leo o escucho en el coche, pero me ayuda a recordar que debo revisarlos en cuanto tenga mi coche estacionado.

La cosa es que cada vez, el celular me resulta más cansino. Es una presencia de la cual no puedo esconderme. Hoy, por ejemplo, hice un alto en mi camino al trabajo en una tienda de conveniencia para comprar un café. Mientras daba un trago, el celular, que dejé sobre la mesa, me puso un mensaje: “En el estacionamiento”. Y yo, inmediatamente, mientras paso el café por mi garganta:

¿Cuál sería la intención del mensaje?

¿Es que debo recordar que dejé el coche ahí? ¿Me está diciendo que sabe que yo estoy en una cafetería y el coche en otro lado? ¿Las dos cosas al mismo tiempo?

Los fines de semana no uso el celular, salvo para escuchar música en el coche, podcast, pero me olvido del WhatsApp y de las redes sociales. De hecho, ya casi no veo Facebook, ni Instagram, tampoco TikTok y mucho menos X.

El problema es que, a veces, eso implica algún tipo de problema. Por ejemplo, si ignoro el WhatsApp, algunas personas luego me dicen, con reporche: “no viste el mensaje” , “me dejaste en visto”. Doy la impresión de que soy una persona maleducada o descortés. Quizás lo soy. Porque “ a dónde fueres haz lo que vieres”.

Todos estos pensamientos están en mi mente mientras tengo una batalla con el volante del coche que insiste que no me salga de carril, de ese carril que metros adelante está bloqueado por una misteriosa caja que parece de cartón y cuyo contenido ignoro ¿Está vacía?¿contiene algo pesado? ¿implicará un riesgo de accidente si la esquivo de último momento o si paso sobre ella? No quiero provocar un accidente. Atrás viene un Honda Civic azul en exceso de velocidad, haciendo zigzag de un carril a otro, cerrándose de forma peligrosa a otros coches y el volante me exige que regrese al carril y yo no quiero, pero la asistencia de mantenimiento de carril insiste, insiste, insiste y me regresa al camino de la caja y yo insisto e insisto y forcejeo, y el WhatsApp pone algo en la pantalla y todos los coches pasan delante a exceso de velocidad y las nubes en el horizonte observan todo formando una sonrisa.

Por fin, la asistencia de carril cede cuando pongo las luces direccionales. Paso a un lado de la caja. En el espejo retrovisor me doy cuenta que no se mueve, está ahí, fija, misteriosa y con un sello de Amazon en la frente.

En la pantalla del coche, Google Maps “dice”, mediante una línea roja, que hay un atasco adelante y sale una alerta de un grupo de WhatsApp al que no recuerdo pertenecer.

Ahora, que por fin llegué a mi destino, el celular está sobre el escritorio y me pone un letrero: hora de brillar”. Quizás es un mensaje de ánimo o una orden: haz algo productivo. Es lo de menos, parece que sabe lo que hago y lo qué no. Y entonces , cuando voy a ponerlo boca abajo, voltear la pantalla para sentirme menos observado el celular muestra un mensaje: Recordatorio amigable: el pago de tu tarjeta de crédito se vence en 3 días….

Estoy atrapado.

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